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Una obra plena de emoción con un Soriano magistral

Una obra plena de emoción con un Soriano magistral

Acaba de estrenarse esta pieza -que también provoca risas- sobre los vericuetos de la vejez. Rodeado de un gran elenco, Pepe realiza una tarea embriagadora. 

Por temática, director y elenco, a “El Padre”, una de las novedades de la flamante temporada porteña, se la esperaba con una vara muy alta y, sin dudas, sació las expectativas. 

La obra, del francés Florian Zeller (considerado hoy uno de los talentos literarios más populares de su país), cuenta con una dirección puntual y sin fisuras de Daniel Veronese, un elenco sólido y sobrio integrado por Carola Reyna, Fabián Arenillas, Magela Zanotta, Marina Belatti y Gabo Correa. Todos rodean, acompañan y potencian a la estrella de la pieza, el inoxidable Pepe Soriano, amo y señor de “El Padre”. Aunque suene (o se lea) egoísta, Pepe es la obra lisa y llanamente. Todo gira en torno a él. Y esa sensación se cristaliza en el saludo final, cuando el resto del elenco da un paso hacia atrás, permitiendo que Don Pepe, en la orilla del escenario, responda a esa ovación de un público que, lagrimeante, lo despide de pie. 

Como anticiparon a este diario Veronese y Soriano, “El Padre” no es una obra sencilla, ya que se ponen en juego muchos sentimientos y los vericuetos de la vejez. Andrés (Soriano) tiene 80 años y vive -o cree vivir- con su hija Ana (Reyna, impecable en su rol) y su yerno Pedro (Arenillas). Se enfatiza “cree” porque nada es lo que parece. Andrés, que a los ojos del público se muestra ágil, dando pasos de tap, sardónico (se burla del excesivo cuidado de su hija), egoísta-insensible (cada vez que puede deja entrever que extraña a Elisa, la otra hija, la preferida) y bon-vivant (intenta desplegar sus dotes de seductor), en realidad, para los ojos de su hija-yerno y médico-enfermera (Correa-Belatti) Andrés experimenta una falta de memoria preocupante: padece ese demonio de la tercera -o cuarta- edad llamado Alzheimer. Así es cómo se obsesiona con un reloj que aparece y desaparece constantemente, o se define como ex bailarín cuando en realidad fue ingeniero, o cree ver la imagen de su yerno (Arenillas) y en realidad es otro (Correa), o confunde a las enfermeras... Y así un tendal de cuestiones que preocupan a su abnegada hija, que ve como única salida “llevarlo a una institución”. 

Como dice Veronese, el espectador, como una suerte de víctima, “va sufriendo con los padecimientos de Andrés”, ya que la idea es que “el público viva el desconcierto y extravío del personaje de Pepe”. 

Y la labor de Soriano es una obra aparte: su actuación está para enmarcar. Es que Pepe logra lo más difícil, que es ser verosímil. Y reconoce que recurrió a la ayuda de su mujer psicoanalista para que el personaje “viva en su mundo”, porque para Andrés es el resto el que se encuentra en estado de confusión. 

Vale esta analogía: hace poco vimos el film “Siempre Alice”, con la extraodinaria Julianne Moore. Allí, en la trama, Alice sabe que el Alzheimer la está acechando e intenta, por todos los medios, de contrarrestarlo. En “El Padre”, Andrés no sólo está vivenciando la enfermedad sino que no sabe desde cuándo. 

Una obra bella y triste, también risueña, penetrante, sin golpes bajos y con un Soriano de antología.

Fuente:  DIARIO LA RAZÓN - 11/01/16 -Crítica Por Javier Firpo

 

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