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Un universo desgarrador

El padre / Autor: Florian Zeller / Intérpretes: Pepe Soriano, Carola Reyna, Fabián Arenillas, Magela Zanota, Marina Bellati, Gabo Correa / Escenografía: Tito Egurza / Iluminación: Eli Sirlin / Vestuario: Laura Singh / Asistencia de dirección: Miguel Kot / Dirección: Daniel Veronese / Sala: Multiteatro, Corrientes 1283 / Funciones: jueves a domingos, a las 20.30 / Duración: 60 minutos.

Nuestra opinión: muy buena.

Reconocido como una de las figuras literarias más interesantes dentro de su generación, el narrador y dramaturgo Florian Zeller (36 años) se da a conocer por primera vez en Buenos Aires. El padre es una pieza concebida en 2012 que recrea la historia de un grupo familiar donde precisamente el padre es el gran protagonista. No porque su historia posea ribetes extraordinarios, sino todo lo contrario. Andrés padece el mal de Alzheimer. Ese es el tema central de una obra que no descolla por su estructura o estilo dramatúrgico, sino porque construye, desde un lugar muy sensible, un universo muy inquietante y, por momentos, desgarrador.

Los días para Andrés se transforman en una rutina insignificante. Vive en casa de su hija Ana, pero por momentos no sabe bien quién es ella. Fue ingeniero, pero sostiene que ha sido bailarín, continuamente está buscando un reloj supuestamente perdido y las horas para él, en verdad, no poseen ningún interés. 

Su entorno padece convivir con ese hombre para quien sólo existe un presente que irá construyendo como puede, como quiere. Desconfía de él, pero no tiene opciones, debe conformarse con llevar esa vida repleta de incertidumbre y terminar en una institución donde una enfermera será su único punto de encuentro con la cotidianidad.

Daniel Veronese recrea este mundo con mucha precisión. Esas criaturas diseñadas por Zeller exponen un nivel de verosimilitud muy grande. Cada intérprete logra apropiarse de su personaje de manera notablemente sensible. Sin duda, las labores más destacadas son las de los protagonistas, Pepe Soriano y Carola Reyna.

Soriano consigue componer magníficamente a Andrés, a quien presenta con detalles mínimos. Su forma de caminar, de observar, de reflexionar, de relacionarse con cada uno de los personajes es de una extrema sencillez, y a la vez hay, en cada acto, una gran profundidad.

Carola Reyna da vida a la confundida y por momentos atormentada Ana, también apelando a recursos muy genuinos. Logra conmover con esa singular manera de atender a su padre. Progresivamente va modificando su humor y su realidad está cada vez más atravesada por un gran dolor.

La escenografía de Tito Egurza sobresale no sólo por su valor estético, sino además por esas casi mágicas desapariciones del mobiliario que van despojando el espacio para transformarlo en los distintos hábitat del personaje central.

Fuente: DIARIO LA NACIÓN- 19/001/16 - Crítica Por Carlos Pacheco 

 

 

 

 

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